Aktion Gemeinwohl!

Gemeinsam vom Mangel in die Fülle

VIII. El ser humano debe ser el guardián de la tierra

El patriarcado en el trato con la naturaleza ha dejado un rastro de devastación en todo el mundo. Mesopotamia fue alguna vez un paisaje floreciente. Hoy en día esta zona histórica se ha convertido en gran parte en un desierto. Hasta hace antes de 12.000 años – el comienzo de la era geológica QUINTAR – el Norte de África era un jardín floreciente. Hoy este antiguo paraíso natural lleva un nombre conocido: el desierto del Sahara. En todas partes del planeta los desiertos se extienden y la causa de esto es siempre la misma: la explotación y la manipulación tan irresponsable de la naturaleza.

Lo mismo está pasando con los grandes bosques tropicales del mundo. Las corporaciones multinacionales borran las constantes reservas crecientes de la selva tropical para explotar las superficies “libres” y utilizarlas como monocultivos de escaso valor.
Cada día se reducen los “pulmones verdes” de nuestro planeta.

Condiciones similares encontramos en la explotación de recursos de materias primas. Principalmente en las compañías petroleras multinacionales que extraen el petróleo de todas partes del mundo, sin importarles en lo más mínimo las consecuencias. Si nos fijamos en el Delta del Níger, vemos un paisaje desolado y un río intoxicado que tiene todas las características de un escenario del final de los tiempos. Por otra parte todavía no podemos determinar el daño a largo plazo del fiasco causado por la multinacional petrolera BP en el Golfo de México.

Y si contamos con un balance de los daños y beneficios en las más de 430 centrales nucleares en todo el mundo, llegamos a la conclusión de que el daño que causan es mucho mayor que el beneficio que como productor de energía suministran. Las grandes catástrofes en la planta nuclear de Chernobyl (1986) y Fukushima (2011) muestran con gran nitidez, el daño que un reactor nuclear fuera de control puede causar a los seres humanos y en el medio ambiente.

Aun más si contamos la cantidad total de residuos radiactivos hasta ahora almacenados provisionalmente, llegamos a una cantidad total de más de 300.000 toneladas. La vida media de los productos de desintegración altamente radiactivos son del orden de miles de millones de años.
No hay en el mundo un lugar para el almacenamiento de esta sustancia peligrosa que proteja a los seres humanos y a la naturaleza de una forma segura de la radiación . Es inaceptable que el legado de una tecnología fundamentalmente peligrosa se recargue sobre generaciones próximas innumerables.

Tenemos que poner fin a la explotación despiadada y al envenenamiento de nuestro planeta. En particular en este campo todas las personas que se sientan comprometidas con el bien común están llamadas a movilizarse. El hombre debe considerarse como el guardián de la tierra, el que protege la flora y fauna, en lugar de destruirlos con la sobreexplotación y la devastación del medio ambiente.

  • El ser humano debe ser el guardián del mundo.
  • Prohibición de la deforestación por parte de los consorcios internacionales.
  • Cada árbol talado debe ser reemplazado por uno nuevo.
  • Poner lo antes posible fuera de servicio todas las centrales nucleares.
  • Forzar la introducción de motores eléctricos y reducir drásticamente la demanda de energía nuclear, petróleo, gas y carbón.

 

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